{"id":1118,"date":"2014-12-12T17:37:05","date_gmt":"2014-12-12T16:37:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.espaciogranvia.org\/?p=1118"},"modified":"2019-12-04T21:45:32","modified_gmt":"2019-12-04T20:45:32","slug":"confucio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/confucio\/","title":{"rendered":"CONFUCIO"},"content":{"rendered":"<div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-one-full fusion-column-first fusion-column-last\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-margin-bottom:0px;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy\"><div class=\"fusion-text fusion-text-1\"><p>\u201cEl sabio sabe que no sabe\u201d.<\/p>\n<p>A menudo se discute en todo tipo de \u00e1mbitos acerca de los problemas de nuestra sociedad provocados por la corrupci\u00f3n de quienes nos gobiernan. Se suele concluir que gran parte de las profundas injusticias sociales se corregir\u00edan con unos dirigentes y administradores a la altura de lo que se espera de ellos. Pero, sin duda alguna, habr\u00eda que ir m\u00e1s all\u00e1 y entender que las \u00e9lites gobernantes son el producto de un espacio y de un tiempo determinados y, por lo tanto, reflejan en sus actos y forma de gobernar aquellos vicios de los que tambi\u00e9n adolecen sus gobernados. En esta l\u00ednea ser\u00eda muy \u00fatil abordar una regeneraci\u00f3n de los sistemas de gobierno, pero sin olvidar nunca la promoci\u00f3n de valores \u00e9ticos en todas las esferas de nuestras sociedades como palancas de cambio en las mismas. Podemos encontrar numerosos ejemplos en la historia de pensadores que se han dedicado a profundizar en el arte del buen gobierno, tales como Marco Aurelio o Plat\u00f3n, pero nos centraremos en uno de los sabios m\u00e1s conocidos de Oriente.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfUno que no sepa gobernarse a s\u00ed mismo, c\u00f3mo sabr\u00e1 gobernar a los dem\u00e1s?\u201d.<\/p>\n<p>CONFUCIO (Kung-fu-ts\u00e9) naci\u00f3 a mediados del siglo VI (a. J.C.) en una aldea del estado de Lu, perteneciente a una China semilegendaria, desangrada por luchas feudales. Era la China de Confucio, una tierra agitada por guerras y golpes de mano, bajo el imperio nominal de la tercera dinast\u00eda, la de los Cheu (1027 a 247 a. J.C.) monarcas estos que, desde la opulenta Loyang, la capital sagrada, resultaban, a pesar de su t\u00edtulo de \u201cHijos del Cielo\u201d, expresiones de un trono vacilante. Para \u00e9l, todo lo que existe en el mundo nos est\u00e1 dando una lecci\u00f3n: basta solo tener la buena disposici\u00f3n de escucharla; hasta los espect\u00e1culos de la fealdad y del crimen, al revelarnos el desprecio y abyecci\u00f3n en quien los comete, nos ilustran. Confucio dec\u00eda: \u201cSi somos tres que viajamos juntos encontrar\u00e9 necesariamente dos maestros en mis compa\u00f1eros de viaje; elegir\u00e9 al hombre de bien para imitarle y la hombre perverso para corregirme\u201d. Ser de profundas claridades, ejerc\u00eda su ense\u00f1anza serenamente y sus sentencias brotaban del r\u00edo interior como un chorro de luz. Pero despreciaba la mera palabra; la virtud es activa, y el amor y la justicia, fuerzas din\u00e1micas. As\u00ed, se\u00f1alaba: \u201cSi se ve una cosa buena y no se la practica, se comete una cobard\u00eda\u201d. Pero esta acci\u00f3n implica estar moral e intelectualmente preparado para actuar; a los que por mera ambici\u00f3n buscaban los cargos de jerarqu\u00eda, medrando la infuencia de los poderosos en perjuicio de los hombres de verdadero valor, acosejaba: \u201cNo te inquietes por ocupar empleos p\u00fablicos, pero inqui\u00e9tate de adquirir el talento necesario para ocupar esos empleos\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEl hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor\u201d.<\/p>\n<p>Y a los que quer\u00edan ser conocidos y valorados por la gente, y adquirir un lugar en la consideraci\u00f3n de la sociedad, adivin\u00e1ndoles en esto su inmadurez, les opon\u00eda otra sentencia: \u201cNo es preciso afligirse de que los hombres no nos conozcan, sino, por el contrario, de no conocerlos a ellos nosotros mismos.\u201d<br \/>\nLa personalidad del fil\u00f3sofo hab\u00eda ido cobrando caracteres profundos e impresionaba fuertemente a quienes le ve\u00edan alguna vez. Considerado ya una de las luces m\u00e1s altas del pensamiento chino, un hombre de ideas exactas y puras como diamantes, fue tentado por sus amigos, para que solicitara cargos p\u00fablicos. Ya hab\u00eda, sin embargo, desempe\u00f1ado algunos, como el de intendente de graneros del estado de Lu, donde su equidad se hab\u00eda manifestado plenamente, pero tras la derrota y el exilio del pr\u00edncipe de esa comarca, Confucio, fiel a la desgracia del gobernante, le hab\u00eda acompa\u00f1ado durante quince a\u00f1os en el destierro. Y como un d\u00eda le preguntaran: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no ejerces una funci\u00f3n en la administraci\u00f3n p\u00fablica?\u201d, contest\u00f3: \u201cLos que practican la virtudes realizan ya con ello funciones p\u00fablicas de orden y de administraci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 considerar solamente a los que ocupan empleos p\u00fablicos como realizando funciones p\u00fablicas?\u201d. No obstante, al llam\u00e1rsele al gobierno volvi\u00f3 a aplicar a \u00e9l sus energ\u00edas y lleg\u00f3 a ser, en el 497(a.J.C.) viceministro de Justicia en Lu. Su preocupaci\u00f3n se centraba en la educaci\u00f3n de los gobernantes, porque los pueblos se fijan en ellos y estadistas corrompidos contagian su corrupci\u00f3n a las masas. Su esp\u00edritu pr\u00e1ctico le hac\u00eda pensar que lo fundamental es volver principalmente justo a aquel que detenta el poder de realizar mayor n\u00famero de cosas. Esa teor\u00eda de la ense\u00f1anza por el ejemplo le hac\u00eda decir: \u201cGobernar su pa\u00eds con la virtud y capacidad necesarias, es parecerse a la estrella polar, que permanece inm\u00f3vil en su sitio mientras que las dem\u00e1s estrellas circulan en torno suyo y la toman de gu\u00eda\u201d. Todo esto le llevaba a detestar la fuerza como m\u00e9todo de gobierno y a creer que los pueblos jam\u00e1s se sublevan cuando las leyes y los estadistas son buenos. Basta rodearse de colaboradores honestos e inteligentes para hacer innecesarias las prisiones pol\u00edticas, la fiscalizaci\u00f3n polic\u00edaca y la coacci\u00f3n deprimente. As\u00ed, un d\u00eda en que Ngai-Kung, pr\u00edncipe de Lu, preocupado por las inquietudes populares, le consult\u00f3 acerca de los medios para asegurar la sumisi\u00f3n de las masas, el sabio le respondi\u00f3 sencillamente: \u201cEleva a los hombres rectos e \u00edntegros; rebaja, destituye a los corrompidos y perversos y el pueblo te obedecer\u00e1. Honra a los hombres corrompidos y perversos; rebaja, destituye a los rectos e \u00edntegros y el pueblo te desobedecer\u00e1\u201d.<\/p>\n<p>\u201cAquel que gobierna por medio de su excelencia moral puede compararse a la estrella polar, que permanece en su sitio en tanto todas las dem\u00e1s estrellas se inclinan ante ella\u201d.<\/p>\n<p>La administraci\u00f3n de Confucio y los consejos dados al pr\u00edncipe fortalecieron a ese estado y causaron disgusto entre los gobernantes de los estados rivales; por eso, el pr\u00edncipe de Tche regal\u00f3 al de Lu ochenta bailarinas; este, ganado por las delicias del harem, descuid\u00f3 cada vez m\u00e1s los asuntos p\u00fablicos; el fil\u00f3sofo, entonces, desde\u00f1ando colaborar en una administraci\u00f3n indigna, abandon\u00f3 la brillante posici\u00f3n que ocupaba y se desterr\u00f3 a s\u00ed mismo, en busca de otro gobernante que entendiera mejor sus deberes para con el pueblo. Esto estaba muy de acuerdo con sus ideas; as\u00ed, una vez dijo: \u201cLos que se llaman buenos ministros sirven a su pr\u00edncipe seg\u00fan los principios de la recta raz\u00f3n y no seg\u00fan los deseos del pr\u00edncipe; si no pueden, entonces se retiran\u201d. Tras esta lecci\u00f3n de dignidad empez\u00f3 su peregrinaje, seguido de sus disc\u00edpulos, por los estados de Wei, de Chi, de Tsin y de Tsu, infructuosa b\u00fasqueda de un estadista probo, que deseara poner en pr\u00e1ctica sus doctrinas del \u201cJen\u201d, la \u201cvirtud social\u201d y del \u201cchung-yun\u201d, que unos traducen por \u201cjusto medio\u201d y otros por \u201carmon\u00eda y equilibrio\u201d. Desarroll\u00f3 tambi\u00e9n Confucio la teor\u00eda de la fraternidad universal, y eso en una \u00e9poca en que era casi imposible concebirla: as\u00ed, en uno de sus libros afirma: \u201cTodos los hombres, a lo ancho de los cuatro oc\u00e9anos son hermanos\u201d. Su regla de oro para medir esa fraternidad, lo que \u00e9l llamaba la \u201cvirtud de humanidad\u201d estaba as\u00ed fomulada: \u201cTener bastante imperio sobre s\u00ed mismo para juzgar a los dem\u00e1s por comparaci\u00f3n con nosotros y obrar hacia ellos como quisi\u00e9semos que se obrara con nosotros mismos\u201d. Era, tambi\u00e9n, respetuoso para con el adversario; pensaba que la opini\u00f3n ajena no debe llevar a vanas querellas. \u00bfNo buscan todos los hombres de bien la misma verdad? Por eso se\u00f1ala que la persona honrada que discute \u201cdice las cosas como son, pero cede la plaza a su antagonista vencido, sube a otra estancia y enseguida desciende para tomar con \u00e9l una taza de t\u00e9, en se\u00f1al de paz\u201d. Confucio representa un ejemplo de dignidad y pragmatismo en cuanto a las funciones del buen gobernante, cuyos objetivos deben ser: el pleno y eficaz servicio a su pueblo, promover las condiciones necesarias para que este pueda desarrollar todas sus virtudes humanas y elevarlo hasta donde le sea posible.<\/p>\n<p>Juan Jesus Dianes. Corresponsal de la revista Esfinge en M\u00e1laga<\/p>\n<\/div><div class=\"fusion-clearfix\"><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":2,"featured_media":1121,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4,30],"tags":[],"class_list":["post-1118","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulos","category-filosofos-del-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1118","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1118"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1118\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4128,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1118\/revisions\/4128"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1121"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1118"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1118"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1118"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}