{"id":1190,"date":"2014-12-28T11:30:51","date_gmt":"2014-12-28T10:30:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.espaciogranvia.org\/?p=1190"},"modified":"2019-12-04T21:40:28","modified_gmt":"2019-12-04T20:40:28","slug":"que-cambien-los-demas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/que-cambien-los-demas\/","title":{"rendered":"\u00a1Que cambien los dem\u00e1s!"},"content":{"rendered":"<div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-one-full fusion-column-first fusion-column-last\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-margin-bottom:0px;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy\"><div class=\"fusion-text fusion-text-1\"><p><em>\u201cDesde que nacemos se nos adoctrina para hacernos empleados sumisos y consumidores voraces, y as\u00ed perpetuar el sistema\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cComo en general huimos de nosotros mismos, lo m\u00e1s com\u00fan es encontrarnos con personas que no van hac\u00eda ninguna parte\u201d<\/em><\/p>\n<p>Tenemos tanto miedo al cambio, que muchos nos aferramos a una serie de mecanismos de defensa para no cuestionar las creencias con las que la sociedad ha moldeado nuestra identidad.<\/p>\n<p>Cuenta una historia que el joven rey de un imperio lejano se cay\u00f3 un d\u00eda de su caballo y se rompi\u00f3 las dos piernas. A pesar de disponer de los mejores m\u00e9dicos, ninguno consigui\u00f3 devolverle la movilidad. No le qued\u00f3 m\u00e1s remedio que caminar con muletas. Debido a su personalidad orgullosa, mand\u00f3 publicar un decreto por el cual se obligaba a todos los habitantes a llevar muletas. Las pocas personas que se rebelaron fueron arrestadas y condenadas a muerte. Desde entonces, las madres ense\u00f1aron a sus hijos a caminar con muletas en cuanto comenzaban a dar sus primeros pasos.<\/p>\n<p>Como el monarca tuvo una vida muy longeva, muchos habitantes desaparecieron llev\u00e1ndose consigo el recuerdo de los tiempos en que se andaba sobre las dos piernas. A\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando el rey finalmente falleci\u00f3, los ancianos que todav\u00eda segu\u00edan vivos intentaron abandonar sus muletas, pero sus huesos, fr\u00e1giles y fatigados, se lo impidieron. A veces trataban de contarles a los m\u00e1s j\u00f3venes que a\u00f1os atr\u00e1s la gente sol\u00eda caminar sin utilizar ning\u00fan soporte. Pero los chicos sol\u00edan re\u00edrse de ellos.<\/p>\n<p>Movido por la curiosidad, un d\u00eda un joven intent\u00f3 caminar por su propio pie, tal y como los ancianos le hab\u00edan contado. Al caerse al suelo constantemente, pronto se convirti\u00f3 en el hazmerre\u00edr de todo el reino. Sin embargo, poco a poco fue fortaleciendo sus entumecidas piernas, ganando agilidad y solidez, lo que le permiti\u00f3 dar varios pasos seguidos. Su conducta empez\u00f3 a desagradar al resto de habitantes. Al verlo pasear, la gente dej\u00f3 de dirigirle la palabra. Y el d\u00eda que el joven comenz\u00f3 a correr y saltar, nadie lo dud\u00f3; todos creyeron que se hab\u00eda desquiciado por completo. En aquel reino, donde todo el mundo sigue llevando una vida limitada con muletas, al joven se le recuerda como \u201cel loco que caminaba sobre sus dos piernas\u201d.<\/p>\n<p>LA INFLUENCIA DE LA SOCIEDAD<\/p>\n<p><em>\u201cS\u00e9 obediente. Estudia, trabaja, c\u00e1sate, ten hijos, hipot\u00e9cate, mira la tele, compra muchas cosas. Y sobre todo, no cuestiones jam\u00e1s lo que te han dicho que tienes que hacer\u201d (Peter Joseph)<\/em><\/p>\n<p>No hay nadie a quien culpar. Pero lo cierto es que desde el d\u00eda en que nacemos se nos adoctrina para que nos convirtamos en empleados sumisos y consumidores voraces, perpetuando el funcionamiento insostenible del sistema. As\u00ed es como, al entrar en la edad adulta, seguimos la ancha avenida por la que transita la mayor\u00eda, olvid\u00e1ndonos por completo de seguirnos a nosotros mismos, a nuestra voz interior. Por el camino nos desconectamos de nuestra verdadera esencia, de nuestros valores y principios m\u00e1s profundos, construyendo una personalidad adaptada a lo que nuestro entorno m\u00e1s cercano espera de nosotros.<\/p>\n<p>Si bien la sociedad y la tradici\u00f3n ejercen una poderosa influencia sobre cada uno de nosotros, en \u00faltima instancia somos libres para tomar decisiones con las que construir nuestro propio sendero. Es una simple cuesti\u00f3n de asumir nuestra parte de responsabilidad. Sin embargo, tomar las riendas de nuestra existencia nos confronta con nuestro miedo a la libertad. Prueba de ello es que tendemos a ridiculizar procesos y herramientas -como el autoconocimiento y el desarrollo personal- orientados a cambiar nuestra mentalidad.<\/p>\n<p>LOS SIETE ENEMIGOS<\/p>\n<p><em>\u201cFormamos parte de una sociedad tan enferma que a los que quieren sanar se les llama raros y a los sanos se les tacha de locos\u201d (Jiddu Krishnamurti)<\/em><\/p>\n<p>Al obedecer las directrices determinadas por la mayor\u00eda, hacemos todo lo posible para no salirnos del camino trillado, rechazando sistem\u00e1ticamente ideas nuevas. No nos gusta cambiar porque a menudo lo hemos hecho cuando no nos ha quedado m\u00e1s remedio. Por eso lo solemos asociar con la frustraci\u00f3n y el fracaso. Tanto es as\u00ed, que existen siete mecanismos de defensa cuya funci\u00f3n es garantizar la par\u00e1lisis psicol\u00f3gica de la sociedad.<\/p>\n<p>El primer mecanismo de defensa es el miedo (1), el m\u00e1s utilizado por el status quo como elemento de control social. Cuanto m\u00e1s temor e inseguridad experimentamos los individuos, m\u00e1s deseamos que nos protejan el Estado y las instituciones que lo sustentan. Basta con bombardear a la poblaci\u00f3n con noticias y mensajes con una profunda carga negativa y pesimista.<\/p>\n<p>Enseguida aparece en escena el autoenga\u00f1o (2), es decir, mentirnos a nosotros mismos -por supuesto, sin que nos demos cuenta- para no tener que enfrentarnos a los temores e inseguridades inherentes a cualquier proceso de transformaci\u00f3n. Para lograrlo basta con mirar constantemente hacia otro lado. Como dijo Goethe, \u201cnadie es m\u00e1s esclavo que quien falsamente cree ser libre\u201d.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, el autoenga\u00f1o suele dar lugar a la narcotizaci\u00f3n (3). Y aqu\u00ed todo depende de los gustos, preferencias y adicciones de cada uno. Lo cierto es que la sociedad contempor\u00e1nea promueve infinitas formas de entretenimiento que nos permiten evadirnos las 24 horas del d\u00eda. Dado que en general huimos permanentemente de nosotros mismos, lo m\u00e1s com\u00fan es encontrarnos con personas que no van hacia ninguna parte.<\/p>\n<p>Con el tiempo, esta falta de prop\u00f3sito y de sentido suele generar la aparici\u00f3n de la resignaci\u00f3n (4). Cansados f\u00edsicamente y agotados mentalmente, decidimos conformarnos, sentenciando en nuestro fuero interno que \u201cla vida que llevamos es la \u00fanica posible\u201d. Asumimos definitivamente el papel de v\u00edctimas frente a nuestras circunstancias.<\/p>\n<p>ARROGANCIA Y CINISMO<\/p>\n<p><em>\u201cNinguna persona cambia hasta que su situaci\u00f3n deviene insoportable\u201d (Jos\u00e9 Antonio Marina)<\/em><\/p>\n<p>En caso de sentirnos cuestionados solemos defendernos impulsivamente por medio de la arrogancia (5), muchas veces disfrazada de escepticismo. Esta es la raz\u00f3n por la que solemos ponernos a la defensiva frente a aquellas personas que piensan distinto. Al mostrarnos soberbios e incluso prepotentes, intentamos preservar nuestra r\u00edgida identidad.<\/p>\n<p>Si seguimos posponiendo lo inevitable, la arrogancia suele mutar hasta convertirse en cinismo (6). Sobre todo tal y como se entiende hoy d\u00eda. Es decir, como la m\u00e1scara con la que ocultamos nuestras frustraciones y desilusiones, y bajo la que nos protegemos de la insatisfacci\u00f3n que nos causa llevar una vida de segunda mano, completamente prefabricada. Tal es la falsedad de los c\u00ednicos, que suelen afirmar que \u201cno creen en nada\u201d, poniendo de manifiesto que en realidad no creen en s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, existe un s\u00e9ptimo mecanismo de defensa: la pereza (7). Y aqu\u00ed no nos referimos a la definici\u00f3n actual, sino al significado original. La palabra pereza procede del griego acedia, que quiere decir \u201ctristeza de \u00e1nimo de quien no hace con su vida aquello que intuye o sabe que podr\u00eda realizar\u201d.<\/p>\n<p>En fin, nadie dijo que fuera f\u00e1cil, pero para empezar a cambiar, solo hay que dar un primer paso.<\/p>\n<p>PRISIONEROS DE LAS CREENCIAS<\/p>\n<p>Un ni\u00f1o fue al circo con su padre y qued\u00f3 fascinado con un enorme elefante, de fuerza descomunal. Al terminar la funci\u00f3n, el chico vio c\u00f3mo el domador ataba una de las patas del animal a una peque\u00f1a estaca clavada en el suelo.<\/p>\n<p>Le sorprendi\u00f3 constatar que la estaca era un min\u00fasculo pedazo de<br \/>\nmadera.<\/p>\n<p>&#8211; \u201cPap\u00e1, \u00bfc\u00f3mo puede ser que el elefante no se escape?\u2019: le pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Y su padre le dijo:<\/p>\n<p>&#8211; \u201cPorque est\u00e1 amaestrado\u201d.<\/p>\n<p>&#8211; \u201cY si est\u00e1 amaestrado \u2014insisti\u00f3 el chico, \u201c\u00bfpor qu\u00e9 lo encadenan?\u201d.<\/p>\n<p>El padre no supo qu\u00e9 decirle. Otro hombre que hab\u00eda escuchado la conversaci\u00f3n le revel\u00f3 la respuesta:<\/p>\n<p>&#8211; \u201cEl elefante no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que naci\u00f3. Al principio tratar\u00eda de soltarse, empujando con fuerza. Pero siendo un elefantito, la estaca era demasiado resistente para \u00e9l. Y as\u00ed continu\u00f3 hasta sentirse agotado, impotente y, finalmente, resignado. Ahora ya ni se lo plantea\u201d.<\/p>\n<p>Borja Vilaseca. El Pa\u00eds 15\/07\/12<\/p>\n<\/div><div class=\"fusion-clearfix\"><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":2,"featured_media":4121,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4,18],"tags":[],"class_list":["post-1190","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulos","category-psicologia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1190","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1190"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1190\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4120,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1190\/revisions\/4120"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4121"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1190"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1190"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espaciogranvia.org\/gal\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1190"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}